Sonó el teléfono un par de días después. Aquella mañana de sábado el cielo estaba claro, despejado, y el sol brillaba con ganas, aunque no hacía precisamente calor, sino más bien un viento gélido que podía llegar a cortar los labios si uno no se los humedecía bien. Por esa razón, Amy anduvo torpemente envuelta en una bata hasta el teléfono y descolgó, sujetando el teléfono entre la cabeza y el hombro porque se abrazaba a sí misma -¿Sí?- la persona al otro lado del altavoz se mantuvo en silencio unos segundos al oir una voz femenina, aunque algo aniñada. Preguntó por Jack a los pocos segundos -¿Quién es?- institió la chica. La mujer al otro lado de la línea decía ser una amiga -¿Eres su novia?- con una risilla nerviosa se apresuró a negar que fuese su pareja -¿Consideras entonces que es feo?- Amy sonrió para sí misma. Oh, cómo disfrutaba de molestar a los desconocidos que se equivocaban o preguntaban por Jack y no sabían quién era ella. Rose, quien estaba al otro lado de la línea, reflexionó unos instantes y por fin preguntó si podía saber con quién hablaba -Soy Amanda, la novia de Jack- dijo con seriedad, fingiendo molestia -Así que dime tu nombre y qué quieres de mi chico si no quieres que te arranque esos cuatro pelos de...-
-Amy- la voz de Jack a su espalda casi la hizo soltar un gritito -Dame ese teléfono- ordenó con suavidad. Amy sabía que la suavidad de Jack no presagiaba nada bueno. Su hermano detestaba enfadarse y más aún con ella, por eso nunca se mostraba agresivo, ni le gritaba, ni montaba espectáculos. La jovencita había crecido observándole que cuando él se molestaba con ella, o estaba furioso por algo en general, para que ella no se sintiese contrariada o incómoda, se reprimía en una máscara de severidad y una voz suave como el terciopelo. Había algo en esa faceta de su hermano que la aterrorizaba y prefería ser buena y obediente cuando le veía así. Ella era consciente de la situación que su hermano también vivía y no quería ser una carga de más. De esa forma, obediente, le entregó el auricular a su hermano y ella corrió hacia el sofá para seguir viendo la tele -Soy Jack- Rose tardó unos instantes en hablar, algo confusa. Se disculpó si interrumpía a Jack en su intimidad -No es mi novia Rose, es mi hermana, Amy- Rose soltó una risilla que se le había atascado en la garganta. Por un instante se le pasó por la cabeza que a lo mejor a Jack le gustaban jovencitas. Quizá demasiado. Se alegró saber de que no era el caso, por la sencilla razón de no rodearse de trastornados y depravados -Dime ¿Necesitas algo?- recuperando la confianza en la conversación, Rose simplemente comentó sobre la posibilidad de poder quedar, dar una vuelta, tomar algo y hablar ellos, a solas, de los viejos tiempos y ponerse al día, debido a que en la cena no tuvieron la oportunidad de desarrollar la noche como debió ser -Oh, bueno. Claro ¿Por qué no?- Jack sonrió, recuperando él también el tono cordial y cálido que siempre le caracterizaba con Rose -¿Te viene bien... dentro de una hora?- la chica asintió, podría en cualquier momento, tenía el día libre en su mayoría -Perfecto. Te pasaré a recoger- antes de que Rose pudiera negarse y alegar que ella podía ir por su cuenta a donde fuera que quisieran ir, Jack colgó el teléfono. La joven se quedó mirando el auricular del teléfono, que pitaba con la señal de la línea cortada. Frunció los labios y abrió los ojos con nerviosismo. La iba a buscar... en esa moto.
-Jack y Rose, sentados en un arbolito, dándose besitos en el piquito- cantaba Amy cuando su hermano pasó tras el sofá
-Eres una cría...-
-Claro que lo soy- sonrió ella alegre, mirando a su hermano por encima del respaldo del sofá -¿Vas a traerla a casa? ¿Quieres que me vaya?-
-¿De dónde sacas esas cosas, niña?- frunció Jack el ceño mientras miraba por la ventana
-Soy una cría. Los críos oimos cosas- dijo ella sarcástica -Además...- suspiró
-Ya, ya. No pienses en ello ¿De acuerdo? Nunca más- Jack se sintió mal. Le incomodaba demasiado que Amy hiciese comentarios de índole sexual, no porque fuese chica, no porque fuese joven, sino por la vivencia que tuvo con el desalmado de su padre, Armand. Él sospechaba que su hermana sólo pretendía hacer una vida normal, aceptar que un beso, una caricia, el simple hecho de tener un contacto carnal y sexual era algo inofensivo siempre que fuera consentido, y hasta disfrutable, o eso veía en la televisión o leía en cómics. Se esforzaba como pocas personas lograrían manteniendo una estabilidad mental más que decente. Ella se puso por encima de aquella pesadilla y maduró, lo aceptó como un escoyo que salvar. Odiaba, por ello, que consideraran que era aún joven para hablar de esas cosas. Ella sabía ya muy bien cómo funcionaba y Jack a veces lo olvidaba, por su afán de protegerla, por no poder evitar verla como una personita sensible y frágil, cuando realmente no lo era.
-¿Entonces?-
-¿Entonces qué?- la miró
-¿Vas a darme sobrinos?- sonrió pícara llevándose un dedo a los labios
-Te voy a dar un sopapo- rió Jack -Anda, métete en tus asuntos ¿No tienes deberes? ¿O estudiar para un examen?-
-Preferiría hacer vida familiar- dijo ella obstinada, levantando la nariz -¿Cuanto hace que no me presentas a una chica?- Jack la miró desconcetado
-Nunca te he presentado una chica- dijo confuso
-¡Exacto!- ella le apuntó con una mano como si fuese una pistola -Bang, bang ¡Muerte al traidor! ¡Debes presentarme a tu séquito para que yo las juzgue y ver si son o no unas zorras aprovechadas!- se mofó
-¿Se supone que ahora eres tú la mayor?- el chico se cruzó de brazos
-Soy tu hermana. Independientemente de quién sea el menor o el mayor, tenemos que protegernos ¿no? Es lo que mamá querría- sonrió con dulzura y Jack le correspondió
-Eres un maldito demonio-
-Demonio con pelo de fuego- susurró ella, metiéndose en el papel de un ser del inframundo, con mirada terrorífica, despeinándose los cabellos rojizos -¡Soy el Fénix!- gritó gloriosa
-Muy bien Fénix...- rió Jack, que miró el reloj y pasó a tomar rumbo a su habitación para ataviarse -No te olvides de mover las alas de fuego y cumplir con tus obligaciones-
-No hay malvado que pueda darme órdenes- seguía ella en su papel
-Oh, sí que lo hay- dijo Jack asomándose por la esquina del pasillo una última vez -Se llama zapatilla- amenazó jocoso antes de meterse en su habitación
-El Emperador Zapatilla ataca de nuevo...- sonrió ella en su soledad, dejando de jugar y tomando el mando de la televisión, buscando algún canal que le interese.
Cerca de una hora después, cuando Rose salió de su casa, allí estaba ya Jack, esperando fuera de la urbanización como la otra noche. El acabado metálico de las piezas de la moto refulgían bajo los brillantes y dorados rayos de sol, que amenazaban con cegar a Rose si la admiraba muy fijamente -Hola- alzó Jack una mano -¿Cómo va todo?- Rose contestó que afortunadamente todo seguía bien -Perfecto. Sube- la chica contempló la moto con dudas. Jack entonces le entregó un casco que traía bajo el asiento -Tranquila- dijo conciliador -No te voy a dejar subir sin la protección adecuada- Rose rió algo nerviosa, mirando el casco. Supuso que tenía que hacerlo, aunque fuese su primera vez en moto, como si estuviese acostumbrada. Ella necesitaba convencer a Jack, si es que él sabía realmente algo del asunto de las drogas, de que ella era la clase de chica que sin ningún problema se atrevería a comprarlas, a adquirir algo de material. Se puso el casco con cuidado para no despeinarse demasiado y se subió tras Jack. Se quedó sentada ahí, tal cual -Agárrate- le dijo el chico, agarrándole las manos y llevándoselas a su cintura, a la chaqueta. Rose se quedó paralizada por un instante. Lo tenía tan cerca que resultaba intimidante. Era a la hora de rodearle con los brazos cuando se daba cuenta de que al igual que William, Jack también era robusto, ancho y fuerte. Lo sintió en la firmeza de sus manos, en la dureza de su cuerpo. Cuando le observaba, parecía que a veces la chaqueta abultaba y engañaba a la vista, pero no. No pudo evitar sentir lástima por aquel borracho. Un golpe de Jack debía de doler mucho, muchísimo. Tuvo serias dudas de si le convenía tocarle las narices con asuntos de drogas. La moto arrancó entonces, interrumpiendo sus pensamientos -No te caigas- dijo Jack con jovialidad soltando la manilla del embrague y acelerando.
El viaje fue más que agradable. Jack no era un demonio de la carretera y no se las pasaba haciendo locuras peligrosas. Circulaba como debía, respetaba las señales, semáforos y al resto de vehículos, para algo de sorpresa de Rose, que tal vez lo prejuzgaba un poco. O quizá lo hacía porque la llevaba a ella en el transcurso del viaje. Lo que sí era una completa certeza era el placer de viajar en aquel vehículo. Era una sensación salvaje de libertad que la recorría cuando el viento, aunque frío, le recorría las manos, ascendía por sus brazos y le saltaba al cuello. Cuando sus cabellos que sobresalían por la parte baja del casco aún revoloteaban como dientes de león movidos por el vendabal. Se sorprendía a sí misma gozando de cada metro que recorría. De cómo podía mirar a la carretera mientras avanzaban y contemplaba la borrosa masa gris oscura que era el hormigón, pasaba como una cinta bajo sus pies. Además, estaba el rugido del motor. Grave, gorgoteante, encantador. Y el ligero olor a gasolina. Ese ligero olorcillo penetrante que a su vez, era agradable. Se dio cuenta de que no sólo era la moto, sino Jack. A pesar de que olía a colonia, no perdía el toque de gasolina. Resultaba ciertamente canalla y encantador. Era todo un estereotipo del hombre que ama a su moto y se pasaba el día arreglándola para que ese olorcillo nunca desapareciera. La chica no tuvo más remedio que sonreirse y pensar en que, pese al cambio físico y su aspecto más desaliñado, Jack no había cambiado casi nada.
Dawnside Hill no era particularmente enorme, pero tenía varios lugares interesantes a los que ir. Jack consideró que si era por buscar algo de paz y tranquilidad, el lago Nauca sería un buen lugar. Realmente era una suerte de brazo de mar en el que desembocaba también el pequeño río Onwa, que bajaba de las montañas que estaban allá en el bosque que rodeaba Dawnside Hill. Al rededor del lago se había construido un paseo que constantemente llamaba la atención a turistas y a habitantes. Aquel lugar siempre estaba lleno de gente, pero mayormente se trataba de parejas que buscan unas vistas hermosas para acaramelarse, o para pasear mascotas y niños. Así lo hicieron Jack y Rose. Aparcaron la moto y dejaron los cascos bajo el asiento del vehículo. Anduvieron juntos hasta las barandas del lago y allí, contemplaron la hermosa vista. Un hermoso charco de agua enorme, casi perfectamente redondo, bordeado por el paseo y una muy pequeña orilla en el que aveces algunas personas iban a pescar o incluso tenían la osadía de darse un chapuzón en sus heladas aguas. Allí en la lenía se podía apreciar el brazo de mar desde el que se llenaba el lago, aunque graciosamente, la humedad de la zona de Dawnside Hill solía ocultarlo con una muy ligera capa de niebla. El horizonte no era algo que los habitantes de la ciudad solieran contemplar -No te agradecí la invitación. Tu madre cocina de escándalo. Estaba todo delicioso- Rose no supo si tenía que dar las gracias exactamente por aquel comentario. Se limitó a sonreir y por supuesto, a excusarse por si se había sentido incómodo -No te preocupes. Digamos que estoy acostumbrado. Se tiende a juzgar muy fácil por el aspecto de uno y bien cierto es que no estoy al nivel de tu familia ni al de William- comentó distraido, con la mirada fija en el agua. La chica vio la oportunidad, una pequeña abertura, para sacar información. Comentó que su moto era toda una joya para no estar bien economicamente hablando -He conseguido hacer algunos trabajos- se encogió de hombros -Aquí, allí... Ya sabes- se rascó la nuca con humildad -Y aún así nunca he ganado lo suficiente para vivir en condiciones altas. Todo cuanto consigo lo centro en Amy y después, en mí. Mi moto es sólo una herramienta- Rose asintió comprensiva. Supuso que debía ser duro -Mi hermana es mi motivación. Ella me mantiene a flote- Rose comentó no haberla conocido nunca -Nació después de que te mudaras. Es normal. Hace 16 años que no nos vemos y ella tiene casi los 13. Como pudiste comprobar es un pequeño diablillo, demasiado inteligente para su bien- Rose rió ante aquel comentario. Una mujer, dijo, nunca era "demasiado" inteligente. Siempre se podía aprender, mejorar, y cuanto más, mejor -Por supuesto, no me malinterpretes- le sonrió Jack con su sempiterna acogedora sonrisa -Soy defensor de vuestro libre albedrío, no soy de esos que quieren manteneros sumidas en los años 20. Pero una madurez precoz lleva a conocer los delirios y maldades de este mundo de mierda demasiado rápido- se percató de que por un instante se sumió en sus relfexiones -Disculpa. No quería ser soez- Rose negó con la cabeza. Se atrevió a apuntar que era demasiado educado en comparación a sus... colegas -Dices los Skulls- Jack rió -Sí, son una panda de babosos, maleducados, rabiosos y patéticos gilipollas- confesó -Pero son mi familia. Mis hermanos. Me apoyaron cuando lo necesité y yo les apoyo a ellos- a Rose le brilló la mirada. Quiso saber qué clase de hermandad les unía, fingiendo un simple e inocente interés -Realmente son... cosas aburridas- rió Jack -Dudo que te interese de verdad- Rose se hizo la ofendida, llevándose una mano a la cintura ¿Preguntaría si no le interesara? -Es sólo que a veces lo pienso y parece sectario- se burló -Todos somos unos don nadie, todos y cada uno. Nos buscamos la vida como podemos y tratamos de hacer un núcleo con el que sustentarnos. Por eso es como si fueramos una familia. Cuando he pasado los peores años de necesidad me han ayudado a que Amy pudiera comer y vestir. Cuando ellos han necesitado mi ayuda, la he aportado sin dudar. Hoy por ti, mañana por mí. Y así hemos subsistido- la muchacha preguntó sobre qué clase de ayuda se prestaban unos a otros -¿Vas a hacer una columna sobre los Skulls?- preguntó Jack y Rose se tensó como una vara de acero. Afortunadamente para ella, Jack le restó importancia al reirse -A veces se trata de arreglar algún destrozo en una moto, o llevar alguna pieza a algún sitio, o traerla de algún taller al que se haya comprado. En ocasiones hacemos encargos para gente que necesite transportistas, ya sabes...- de nuevo, aquella mirada melancólica. Rose bromeó, inteligentemente y sutil, sobre lo honrado que parecía para la mala fama que a veces cosechaba el nombre de la banda -Sí... bueno... Supongo que...- la miró, reflexivo. Dudaba de si hablar, pero era Rose. Rose Miller. Su pequeña y protegida Rose Miller -He de confesar que no siempre se hacen cosas por las que uno se siente orgulloso- masculló -Pero es la única salida que he encontrado. Es un dinero sencillo, en un mundo sencillo. No puedo permitirme trabajar bajo una bota explotadora que me mantenga lejos de Amy todo el día y me pague una miseria. No pude sacarme unos buenos estudios así que no puedo aspirar a un gran trabajo. Me encantaría. Quizá cuando mi hermana sea más independiente, pero de momento no puedo- suspiró. Rose estaba nerviosa, pero lo ocultaba. Le temblaba ligeramente la mano izquierda, con la que se apoyaba en la baranda ¿Podría tener quizá la oportunidad de sonsacarle algo a Jack, en aquel lugar tan pacífico, en el que se estaba abriendo? Sólo tenía que probar un poco más, indagar un poco más...
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