No podía creer lo que veían sus ojos. A todas luces, aquel hombre alto no era ni mucho menos al niño tranquilo y afable que una vez conoció. Pero decía serlo, decía llamarse Jack Kane y tuvo que creerle, aún bajo aquella maraña de vello facial. -¿Jack? ¿En serio eres tú?- Rose no supo si quedarse en el sitio, ponerse en pie, abrazarle y estrecharle la mano o seguir haciéndose la sorprendida. Finalmente, cuando él sonrió, optó por no hacer nada de ello. Era como si hablara con un completo desconocido. -Madre mía... Estás... Estás muy distinto- Afirmó, entornando los ojos. -Oye, ahora en serio. Gracias por intervenir, supongo. Pero no era necesario. Solo eran unos capullos. No tenías por qué...- La chica dejó la mirada fija en la mesa. Aun no había terminado de procesar el ligero acto de violencia que había acontecido frente a sus narices. Casi no sabía como se iba a tornar su voluntario artículo. De hecho ¿Que demonios iba a explicar ya en él? Cuando salió del ensimismamiento, contempló como todos aquellos hombres que lucían la misma chaqueta negra no dejaban de mirarlos a ambos, algunos de forma mas disimulada que otros. Jack llevaba la misma chaqueta. ¿Pertenecían todos a la misma banda? ¿Jack era un Skull? No sabía como preguntarlo. De hecho, no debía preguntarlo. Aunque amigos en el pasado, ahora eran desconocidos. -¿Que tal estás? ¿Como esta tu madre?- Jack fue a abrir la boca un momento, pero fue interrumpido por el mismo hombre que anteriormente la había invitado a marcharse a casa sin su artículo. Éste, le hizo un gesto con las manos que Rose pudo descifrar como un aviso. Y así fue, pues Jack se disculpó admitiendo que tenía que irse, desafortunadamente. Esta vez fue Rose quien se quedó con la boca abierta. Se iba. Su amigo de cuando era niña, se iba, después de dieciséis años sin verse. Y ahora podía volver a marcharse, él y la información que ella tanto ansiaba... -Espera, Jack- Le detuvo, poniéndose en pie -Ahora vivo Sunset street. Es una urbanización nueva. Se construyó hace poco tiempo y está en el norte de la ciudad. Sería genial que cenaras en casa... o lo que quieras. Hace mucho tiempo que no nos vemos, no se nada de ti... Por favor- Roe esbozó su sonrisa más tierna, consiguiendo que el hombre asintiese levemente. -Mi número de teléfono es...- Rebuscó rápidamente en su bolso una pequeña libreta y un lápiz. No era casualidad que tuviese aquellos materiales, dado que era una especie de obligación tener lo imprescindible para escribir en cualquier momento que lo necesitase para poder documentar bien los artículos que escribía -El 555-645-832...- recitó mientras escribía. Al terminar, arrancó la hoja de papel de la libreta y se la cedió al hombre, quien se la guardó en el bolsillo interior de su chaqueta. Finalmente, se despidió y Rose se quedó sola de nuevo en el Set, rodeada de oscuridad y luces de neón a pesar de las tempranas horas. Supo que no tenía nada más que hacer allí.
Después de aquello, Rose volvió a las oficinas del periódico con las manos vacías. Siguió trabajando con sus estúpidas y sosas columnas de opinión o investigación, las cuales cada vez le parecían menos interesantes e incluso más machistas para los tiempos que empezaban a correr. De vez en cuando, pausaba su trabajo para pensar, soñar despierta. ¿Llamaría Jack o solo había aceptado cenar con ella por mostrar cordialidad? Le interesaba su información, le interesaba sacar adelante lo que podría ser el titular del año, y de paso, conocer que le había ocurrido a su antiguo amigo en aquellos años. Era consciente de que sonaba egoísta. Supuso que la sangre de su padre corría demasiado por sus venas...
-Eh, toma. El número de hoy.- Bobby, el nuevo chico de los cafés, lanzó el periódico del día contra la mesa. -El titular de la portada da escalofríos- aseguró justo antes de marcharse para seguir repartiendo más cafés a los trabajadores próximos al puesto de trabajo de la chica. Sin pensarlo dos veces, tomó el periódico y lo desplegó. Las letras negras aún tintaban las yemas de los dedos, tan enormes que era difícil leer otra cosa que no fueran ellas. ''Dos jóvenes de Dawnside Hill desaparecidas en la noche de ayer''. Rose pestañeó dos veces y frunció el ceño. Después, pasó a leer el subtitulo. ''Los familiares de Ann Galden y Gina Partolw, de veintitrés y veintiséis años respectivamente, denunciaron a las autoridades la desaparición después de que ambas terminasen su turno laboral. La familia esclareció que ambas no se conocían y advierten que ninguna de las dos desaparecería de manera voluntaria''. Rose tomó aire después de leer aquello. ¿Tendría algo que ver con la muerte de Jaime, el chico de la sobredosis? Quizás no, pero sin duda, el caso era igual de estremecedor. ¿Había un secuestrador en Dawnside Hill? Le daba miedo pensarlo.
En vez de apartar el periódico, siguió leyendo. Estaba aburrida, en mitad de un bloqueo con su actual artículo. Pensó que leer otras cosas le ayudaría. Cuando dejó atrás el primer artículo, se encontró con ''La huelga de los trabajadores de las minas''. Su padre era inversor de aquellas extracciones, de manera que debía estar afectado. Realmente le daba igual. Su padre era independiente, demasiado. Los problemas que él tuviese, poco le afectarían a ella. Volvió a pasar las páginas y leyó las columnas. Ese día no figuraba su nombre en ellas, pues no le tocaba por contrato algunos días. En su lugar, una compañera que se encargaba de temas más cotillas, escribió un pequeño artículo en una de las últimas páginas, en la columna de la derecha. ''Los Winter regresan a Dawnside Hill''. Rose abrió muchísimo los ojos al leer aquello y dejó el periódico sobre la mesa. Qué casualidad.
Aquel día, regresó a casa un poco tarde pero a tiempo. Justo en el momento en el que dejaba el bolso y el abrigo colgados del perchero que había junto a la puerta principal, el teléfono que se hallaba al final del primer pasillo empezó a sonar. Rose se lanzó a por él, como lo había hecho durante los cuatro días anteriores. Aquella, por fin, fue la llamada que estaba esperando. -¡Jack!- Al oír aquello, Diana asomó su repeinada cabeza desde la puerta de la cocina, con el rostro un tanto extrañado. -Claro, claro. No pasa nada- Incapaz de controlar su curiosidad, la mujer se acercó aun más a su hija, intentando oír lo que decía la voz al otro lado del auricular. -¿Qué te parecería cenar mañana?... Sí, no te preocupes. Mis padres estarán encantados de volver a verte- Diana puso aún más cara de asombro. Intentó quitarle el teléfono a Rose, pero no pudo, dado que la chica predijo sus intenciones y se apartó. -Hasta mañana, Jack- Tras decir aquello colgó el teléfono y colocó sus manos sobre la cintura. -¿Qué quieres mamá?-
-¿Quien es ese Jack al que me alegraré de ver?-
-Jack, Jack Kane. No conocemos a otro Jack-
-¡¿Como?! ¿Jack Kane? Ni hablar. Se dicen cosas horribles de su familia-
-¿Y a mi qué? Era mi amigo-
-Era. Tú misma lo has dicho. Llamale ahora mismo y dile que no estamos interesados en cenar con él-
-Ni hablar, mamá. ¿A caso quieres que se comente por la ciudad que fuiste tan desagradable con un muchacho cualquiera?-
-¡Ese es el problema! Es un muchacho cualquiera. Rose, tu mereces estar con alguien más... como nosotros. De nuestro nivel- Al oír aquello, la chica puso los ojos en blanco. Estaba harta de los niveles, las jerarquías, las clases y las diferencias.
-Mamá, antes no eras así. Cuando yo era pequeña, Jack venía a casa de vez en cuando. Era un buen amigo. Y su madre era muy amable con nosotros.-
-Antes tu padre no tenía el trabajo que ahora tiene-
-Me da igual. El trabajo de papá no significa nada para mí ni debería significar nada para ti. ¿De acuerdo? Jack va a venir a cenar con nosotros, vamos a pasar una noche fantástica recordando viejos tiempos y sin hablar de trabajo. Y no pienso discutir ni negociar, así que llama a papá e informale de que tiene que tachar la noche de mañana en su apretada agenda- Al decir aquello, Rose se fue del pasillo en dirección a las escaleras que dirigían hacia su habitación. Por supuesto, no era bueno contarle que tenía otros planes con Jack a su madre. Diana podría ser demasiado inmiscuida. La mujer se quedó pensativa, aun cerca del teléfono. Se recolocó tras la oreja un mechón de pelo rubio y suspiró. -Supongo que tendré que lucirme en la cocina al menos. Que no se diga que los Miller no son hospitalarios- Rose pudo oírla aún desde la planta de arriba, lo que arrancó un suspiro enorme en ella. Las apariencias eran lo más importante para su madre... lo detestaba.
La noche de la cena llegó. A la habitación de Rose llegaba el agradable olor del pollo asado de su madre mientras ella terminaba de arreglarse. En su armario abierto podría apreciarse la cantidad exagerada de vestidos elegantes y casuales con los que contaba, los jerseys de suave lana de calidad y los zapatos que brillaban con el reflejo de la lámpara. Sin embargo, decidió vestirse con ropajes más normales. Sabía que la familia Kane nunca había sido una familia con un exceso de bienestar económico y a juzgar por las pintas de Jack en el Set, adivinaba que se sentiría más cómodo si ella no vestía como sus padres realmente desearían.
El teléfono sonó. El guarda de la urbanización avisaba de que un joven esperaba a las puertas de la misma, asegurando ser invitado por los Miller. Rose salió disparada de su habitación en dirección a la puerta, pero antes de irse, lanzó una mirada de advertencia a sus padres -Ya os lo he dicho, pero lo vuelvo a repetir. No quiero que se sienta incómodo, no quiero que lo atosiguéis con vuestros problemas laborales. Sólo vamos a hablar de los años que llevamos sin vernos ¿De acuerdo?-
-Tranquila, Rose. Ya lo sabemos- sonrió su padre, ajustándose unos gemelos de oro en las mangas de la camisa. A la chica le pareció que se estaba arreglando demasiado, pero no le dio excesiva importancia.
Al llegar a la entrada de la urbanización, el guarda abrió la reja y permitió a Jack entrar. Justo como Rose pensó, vestía ropa sencillas, aunque mejores a las que usó en el Set. Ataviado con unos pantalones oscuros y una camiseta blanca semi oculta bajo una chaqueta de cuero brillante y sin logos, saludó algo inseguro. -¡Jack! Me alegra verte. Vamos, ven. Mi casa esta justo al final- El hombre lanzó una mirada rápida a todo el lugar. Las enormes mansiones se situaban una junto a la otra, pero ligeramente separadas por frondosos jardines con sistema de regado automático. Los coches de las familias brillaban a la luz de la luna, así como las cuidadas flores que adornaban el perfecto y pulido alquitrán de las anchas calles que delimitaban la zona. -¿Es bonita verdad? A mi padre... le fueron bien los negocios, supongo. Decidimos mudarnos aquí cuando quisimos regresar. Dicen que es la zona más segura de toda la ciudad. Y la verdad, me alegra que así sea. Están pasando... cosas últimamente- dijo, intentando que no sonase para nada intencionada la afirmación. El hombre se rascó la nunca. ¿Estaba incómodo? -Oye, Jack, muchas gracias por venir, de verdad. No te miento si te digo que realmente me está costando un poco hablar contigo ¿Sabes? Sólo quiero que te sientas bien aquí- A Jack le llamó la atención aquellas palabras -Me refiero a que... hablar contigo es como hablar con un desconocido. Hace tantos años que no nos vemos... Cuando nos mudamos a otra ciudad, pensé que regresaríamos pronto a Dawnside Hill y que volveríamos a vernos. Perdona si de niña alguna vez te dije que así sería. Seguramente, mi madre me mintió para que estuviese más conforme con nuestra marcha- sonrió la chica, imaginando la clase de rabietas que de niña tenía -Por cierto, puede que mis padres estén un poco... distintos. Han cambiado mucho en estos años, no se lo tengas en cuenta. Están deseando volver a verte, como aquel día, en el primer cumpleaños al que te invité- Jack sonrió y yo lo hice con él. Por un momento, me dio pena tener que sonsacarle... ciertos temas en el final de la cena. Por desgracia, no me quedaba más remedio.
Al llegar a casa, Harold Miller recibió con los brazos abiertos a Jack, cosa que tomó por sorpresa tanto a Diana como a su hija. Tanta hospitalidad en un hombre tan frío hizo que Rose frunciera el ceño con extrañeza. -¡Jack! Cuanto tiempo ¡Mírate! Estas hecho todo un hombre. Me cuesta compararte con aquel niño silencioso que eras antes- Harold golpeó un par de veces los brazos del hombre al decir aquello, y en ningún momento borró la sonrisa de su rostro ya arrugado. -Pasa, por favor. Mi mujer ha hecho un pollo asado exquisito. Seguro que te gustará- Sin apartar su mano del brazo de Jack, lo acompañó hasta el comedor y le ofreció asiento. Rose los siguió, optando por sentarse al lado de su invitado a lo largo de la enorme mesa larga de cristal. Odiaba admitir que ella tambien empezaba a sentirse incómoda.
-Bueno, entonces ¿Empezamos?- preguntó, intentando que su padre dejase de sonreír tanto.
-Oh, no. No podemos aún. Falta nuestro otro invitado- Rose se quedó congelada un instante al oir aquello.
-¿Otro invitado? ¿Quien?- Con los ojos entornados, no pudo evitar lanzar una mirada acusativa a su padre. Y justo en ese instante, sonó el grave timbre de la puerta. Alguien había llamado, tras ser invitado a entrar en la urbanización por el guarda sin necesidad si quiera de que le diésemos a éste permiso. Harold anduvo rápido hacia la puerta. Todos pudieron oirle desde el comedor saludar efusivamente al invitado, cuya voz Rose desconocía. Pero la voz de su padre... ese sí era su tono real. No estaba fingiendo su alegría.
Harold llegó primero al comedor, y tras él, un hombre elegante de ojos azules y pelo negro como la noche, elegantemente peinado hacia detrás. Todo en él brillaba con luz propia... como hacía más de diez años. Rose se puso en pie sin saber qué decir. No podía ser verdad. -William...-
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