Llegó rápido, como de costumbre. Jack no era precisamente de los que más hacían el loco por la carretera si se le comparaba con sus compañeros y colegas del Set, pero en cuestiones de encargos, era una bala. Cuando apareció por el local, como de costumbre, le golpeó el pecho el intenso olor del tabaco y la cerveza. El Set era un local no demasiado amplio, pero acogedor. Todo el interior, incluso los muebles, la barra y demás, era de una madera bien cuidada, oscura, de color caoba. Varias lámparas colgaban de la pared dando luminosidad al local por las noches mientras que por el día se valía de la luz natural de la calle, pues las ventanas eran amplias. Una medida un tanto atrevida teniendo en cuenta la clase de chanchullos que se movían por ahí, pero llamaba menos la atención a la policía si mostraban que tenían poco o nada que ocultar. Esa mañana había negocio. En la barra había tres tipos que Jack no conocía de nada. Tenían pinta de civiles comunes, tipos que habían salido del trabajo o simplemente habían pasado de ir. Los tres rondaban los cincuenta años y estaban borrachos ya a aquellas horas. Por otro lado estaba la mesa de billar y tras ella, en la pared, se podía apreciar la diana de los dardos. El gordo Jim Black estaba jugando una partida con Adam Norton. Jim debía de rondar los cuarenta y pico y Adam los treinta y poco, ambos vestidos de negro, con chaquetas de piel o cuerno. Adam era muy alto, con el pelo negro ondulado cayéndole sobre los hombros. A pesar de no estar remotamente gordo, era más ancho que Jim. Un monstruo, pensaba Jack, si se tenía que dar de leches con alguien. Allí faltaba personal, sin embargo. Percibía la ausencia de Chloe, Roland, Jason "Jass" Clark, Logan y por supuesto Bart "El Negro" Morgan. A Jack siempre le cayó bien Morgan. Era básicamente el segundo al mando, junto a Walter, ambos amigos de la infancia y en los cincuenta años de edad. Almas de la carretera, espíritus de cuero, fuego y gasolina. Sabios pero cabrones como ellos solos, unos tipos duros. También le gustaba el mote de Morgan. El Negro venía no en sí por la vestimenta, sino porque así Walter lo había decidido. Walter era un amante de la historia, le gustaban todas esas épocas pasadas y cuando conoció a Morgan y supo que su nombre era Bartholomew, le recordó, decía, a un viejo pirata al que llamaban Bart el Negro, o Bartholomew Roberts para los hombres de la ley. A Morgan le gustó el verse comparado con un pirata y desde entonces abrazó el nombre. Jack podía jurar que en las calles al caer el sol, en los rincones oscuros donde casi nadie de buena cuna se atrevería a cruzar con una cartera llena de dinero, oir hablar de "El Negro" hacía que mucho de esos navajeros de pacotilla se echasen a temblar -Coño, por fin te dejas ver- dijo de pronto Walter, saliendo de una puerta que daba al almacén -¿Cómo estás, chaval?- Jack meneó la cabeza con duda para recibir un manotazo de Walter en el hombro -Ese es mi chico- bastaba con verlos para saber que Walter había adoptado el papel de figura pseudopaterna con Jack. Desde que era un muchacho y entró en los Skulls como miembro oficial tras haberse ganado el derecho haciendo según qué trabajos, Walter se interesó en él, en su juventud, en sus motivaciones y su determinación. Cuando supo la historia de Jack, automáticamente lo tomó bajo su ala y le enseñó y aconsejó todo cuanto sabía y podía. A día de hoy, seguía viendo a Jack como un cachorro, pero no era en absoluto así. Jack ya sabía más que suficiente, ya había hecho más que suficiente, y estaba cansado, quemado, abotargado. Cada día que pasaba haciendo chanchullos más se recordaba a su padre cuando se miraba al espejo y eso, oh, eso le quemaba el alma desde las más profundas entrañas -Estás muy serio chico ¿Estás en condiciones para...?-
-Sí- dijo con un pesado suspiro -¿A quién hay que llevarle qué?-
-Los cabrones de Mendez. Quieren un par de kilos de nieve para ya-
-Entonces es una venta, no un intercambio- gruñó Jack
-Venga Jackie, no me jodas. Es un intercambio- rió Walter -Polvos mágicos por dinero-
-No me jodas con esto tú, Walt ¿Tengo que ir a por Amy luego, con algún tiznón de coca?- Walter chistó con mirada severa
-Calla, chico. Te recuerdo que aquí hay tres individuos que desconocemos por completo-
-Ya, ya los he visto- bufó
-Anda, será un momento y está bien empaquetada. Necesitamos el dinero. Tú sobre todo, para tu hermana, para que podáis vivir. Por tu madre, chico- apeló a sus sentimientos y Jack asintió despacio. Siempre, para Walter, resultaba fácil convencerle con esas palabras. Jack confiaba en él, a pesar de que según el prisma en el que contemplara la situación estaba cansado de llevar una vida en la que podían apartarle de Amy y meterlo en la carcel, dejando a la chica sola en el mundo. Los Skulls sin embargo eran una familia y cuando había necesidad, todos arrimaban el hombro por un hermano, pero la situación de Jack era distinta. Se trataba de vivir el día a día y precisamente el resto del grupo no es que estuviera montado en el dolar. La economía de los Skulls se basaba en el contrabando y cualquier otra clase de favor que pudieran cobrar y por lo general había tendencia a que el que lo realizaba se llevaba la mayor parte de los beneficios. Walter era el que más alto aspiraba, Morgan todo lo contrario. Y ese era un conflicto que a todos los tenía de cabeza y en situaciones económicas delicadas -Ve al almacén. En un bolso. Cógelo y llévalo. Te esperarán en el parque Bright- Jack volvió a asentir y se fue al almacén del que previamente había salido Walter. En ese instante, fue cuando entró una chica.
No se esperaba a un gran número de asistentes a aquella hora y quizá fue por eso por el que todas las miradas se posaron en ella, básicamente, porque no era una figura ennegrecida por una chaqueta de cuero. Su aspecto llamó la atención, quizá demasiado, en un lugar como aquel. Rose anduvo con cierto aire despreocupado, tratando de mantener una postura confiada y no mostrar su evidente desagrado por el olor del lugar. Miró distraidamente a su alrededor. A ojos de los moteros y los tres borrachos de la barra, la chica parecía simplemente perdida o preguntándose cómo demonios había acabado ahí. Sin embargo ella sólo contemplaba, observaba y dilucidaba quién podría ser, de entre todos ellos, el que suministrara las drogas. No había que ser muy avispado para darse cuenta de quienes eran los dueños de las motos que había fuera, así que distraidamente optó por acercarse a ellos. Fue Jim el primero en verla llegar. Dejó el taco de billar en la mesa y se repeinó el flequillo. Anduvo un poco rodeando la mesa hacia Rose con el porte más sexy que podía aportar, prácticamente nulo. Adam le seguía con la mirada, con una media sonrisa reveladora. Walter, a su vez, igual. Se quedó junto a Adam observando el cortejo del cerdo común, como solía decir para mofarse de Jim -Hola- dijo el gordo -¿Se te ha perdido algo por estos lares, pichoncita?- aquella última palabra hizo que Walter y Adam se miraran, se cruzaran de brazos y fruncieran los labios y el entrecejo, como si algo les hubiese dolido. Ya no había vuelta atrás. Rose arqueó una ceja. No era por el físico de Jim, sino su forma de mirarla, ese intento de sonrisa seductora. La pose de macho dominante aún cuando medía poco más que ella y no era particularmente alta aún así. Se atrevió a decir sin embargo que quería información, pues tenía intereses que intuía podría sacar de ese local -¿Ah sí?- preguntó intenso, mirándola como si la pudiese derretir con rayos láser en su mirada -Y dime, bombón ¿Qué interés te trae aquí? El Set es un lugar de... bueno, ya sabes. Tíos duros- trataba de fingir una voz cavernosa y seca que no le pertenecía. A los otros dos les costaba aguantar la risa -¿Es eso lo que buscas? ¿Son tus intereses los tíos duros, así, rocosos como yo?- Rose se llevó una mano a los labios y carraspeó, incómoda, pero sin sentirse intimidada. Jim era más blando que un algodón de azucar. No había nada rocoso en él, salvo su autoestima, al parecer. La chica se vio obligada a pararle los pies diciendo claramente lo que buscaba. Decía querer divertirse un poco, quizá montar una fiestecilla... y necesitaba material -¿Un estriper? Yo podría...- algo para animar la fiesta, prosiguió. Algo de sustancia. Y fue la palabra "sustancia" la que activó las alarmas. Walter dejó de reir y se aproximó a la pareja
-Vamos Jim, deja a la señorita. Ya se va- dijo poniendo su mano en el hombro de su compañero
-Eh, que estamos hablando- se quejó Jim
-Antes. Ya no. Vamos, Adam te espera para acabar la partida- el tono de advertencia hizo que Jim asintiera y se marchase, no sin antes volver a mirar a Rose y hacer como que cogía un teléfono y se lo llevaba al oido. Masculló un "Llámame" que trató de ser disimulado y seguramente, de nuevo, seductor al guiñarle el ojo. No lo logró. Ni seducirla ni hacerla pensar en llamarle. Tampoco le había ofrecido su número de teléfono. No obstante Jim caía bien. A todo el mundo le caía bien y a Rose le terminó por resultar adorable, era como un niño que se creía superhéroe -¿Me dice su nombre, señorita?- preguntó Walter con toda la educación y cortesía que poseía. Al darle su nombre, Rose pensó que se aproximaba a conseguir lo que quería. Craso error -Bien, Rose- Walter miró a todas direcciones y se inclinó ligeramente hacia ella, con tono de voz bajo -Me temo que se está usted equivocando. Aquí no hay más sustancia que cerveza, agua de fregar... y algún que otro donut que habrá rodado por el suelo por culpa de Jim. Hágase un favor y no pregunte por cosas tan peligrosas en un lugar como este- Rose quiso ser atrevida y preguntó a Walter si es que acaso eran peligrosos. Walter no dijo que sí, ni que no. Simplemente se irguió y dejó que una pequeña calavera quebrada con la serpiente envolviéndola brillara en la chaqueta, un pin. No era la primera vez que la chica oía hablar de los Skulls y de ciertos rumores. Tampoco era imbécil y sabía que sí eran peligrosos y más si eran los que se ocupaban de la droga en Dawnside Hill -Por favor, márchese. No queremos que se nos confunda con vulgares delincuentes, ni quisiera que se llevara una mala impresión- dijo, sin más, sin ser agresivo pero con un más que notorio deje de autoridad en la voz. Le estaba ordenando claramente que se fuera de una vez y no volviese a preguntar. Ella no se quedó conforme, por supuesto. Se acercó a la barra en lugar de irse y pidió al hombre que allí estaba, de unos 60 años, que le pusiera algo de beber. Los borrachos no dejaban de mirarla y de cuchichear sin pestañear. El camarero era el tal Set, un judío que poco más tenía que el bar. Le puso una botella de cerveza a la chica en la cara. Elegantemente pagó el sorprendente precio tan bajo que cobraban allí y se sentó en una mesa alejada del resto de habitantes del bar, no sin antes dedicar una última mirada a Walter, brindarle muy, muy cortesmente la cerveza y dar un trago. No era una remilgada y quizá si demostraba ser más dura que el resto, que no estaba allí para bromas y que no le importaba beberse una cerveza como un borracho cualquiera, tal vez accedieran a creer que realmente quería comprar droga y no escarvar basura.
Las cosas no podían salir bien, no siempre al menos. Y aquella fue una de esas ocasiones. Mientras se tomaba la cerveza comprobó que alguien salió del almacén. Un muchacho no mucho más mayor que ella hizo acto de presencia y por aquella chaqueta negra podía deducir que era otro más del grupo de moteros. Los estuvo mirando de forma disimulada, con cuidado de no ser demasiado descarada, hasta que le interrumpieron aquellos tres hombres -Eh, guapa- sonrió uno -¿Qué tal? ¿Cómo te llamas?- mientras ese hablaba, los otros dos tomaron asiento. Rose trató de mantener la calma, no tenía por qué pasar nada -Yo soy Hugo, él es Alan y éste es Jessie- mientras Rose miraba a los que se sentaron, el tal Hugo hizo lo mismo
-Oye, estás buena eh- observó Alan, recorriéndola con la mirada
-Guarda modales tío, la vas a espantar- gruñó Jessie
-¿Espantar? ¿Estás de coña?- se mofó Alan -Si está aquí para eso- Rose sintió la fría punzada de los nervios en la nuca. Alzó ligeramente la vista del botellín para comprobar que nadie en el bar le hacía el menor caso, salvo aquellos tres que empezaban a resultar molestos. Rose, con educación, trató de explicarles aunque no fuera necesario que ella sólo estaba de paso y no buscaba ligar
-¿Cómo que no?- se ofendió Hugo, sin razón alguna -¿Vienes a este antro, una chica como tú, y no es para buscar algo que llevarte a la boca? Todas las mujeres sois iguales ¡Toooooodas! ¿Qué os costará admitir que queréis echar un polvo y dejáis de ponérnoslo difícil?- Rose estaba realmente sorprendida ante la actitud de tres hombres que con unos años más podrían haber sido su padre -Venga, conmigo puedes ser sincera-
-Eh, y conmigo- Alan alargó la mano y la posó sobre la de Rose, que la apartó -¡No seas borde, guarra! ¿No te jode, la tía?- Hugo y Jessie rieron. La joven decidió que ya había tenido suficiente y que era mejor marcharse del lugar y probar otro día, pero Hugo la tomó violentamente del brazo
-Siéntate- ordenó -No te hagas de rogar. Vamos a hablar un poquito y decide con quién te vas de los tres-
-¡O con los tres!- rió Jessie
-¿Qué pasa allí?- preguntó Jack, observando por fin desde lejos, aunque Walter le hablara del trabajo sin parar
-Ah, nada. Los borrachos esos con una chica-
-¿Una chica? ¿Qué chica?-
-Una que ha venido antes- suspiró Jim -Guapísima. Un pivón. Pero...- chasqueó la lengua -No me daba buena espina y la dejé pasar. Y mira que me miraba con deseo. Yo puedo aspirar a más, con más clase-
-La están acosando tío- se quejó Jack
-Déjala en paz. Es extraña. Ha venido pidiendo droga, así como así. Me huele a policía, un truco, o sabe Dios- Jack hizo amago de acercarse -Déjalo estar. Se asustará y se irá. Están borrachos y no podrán hacerle nada- pese a la petición de Walter, Jack tomó la decisión -¡Jackie, el trabajo, joder!- dijo mientras veía al joven acercarse hasta la mesa. Allí, Jack pudo ver de cerca a la chica y se puso blanco. Aquellos ojos. Aquella cara. Esa expresión de repentina soledad, viéndose rodeada por esos tres que la molestaban. Rose. Era ella.
-¿Quieres algo, tú?- el valiente Hugo se puso en pie al notar a Jack tras ellos -¿O es que eres el novio de esta? Voy a informarte de algo, resulta que tu piva es una calienta...-
-Es hora de que os vayais- concluyó Jack -Por las buenas, por favor. Coged vuestras chaquetas e idos y no volváis a molestar a la señorita-
-Oh... ¡Ooooooh!- Jessie dio una palmada bien sonora -¡Pues sí que es el novio!-
-No soy su novio. Sólo una especie de encargado del local. No queremos molestias para los clientes y vosotros ya habéis acabado vuestras bebidas. Por favor, dejadla en paz-
-¿Ah, sí? Pues no serás tan gallito si te pido otra cerveza. Y paga la piva. Ella nos quiere ¡Quiere follarnos, tío!- Hugo le dio una palmada en el pecho a Jack. Éste se miró la chaqueta y se la arregló -Así que venga, encargado de local ¡Lo mío!- exigió
-Encantado- sonrió un instante antes de agarrarle de la cabeza y estrellarlo contra la mesa. La nariz se le quebró como un palito en las fauces de un hipopótamo. La sangre no tardó en salir mientras el tío sollozaba. Sus compañeros borrachos no tardaron en cogerlo del brazo y poner pies en polvorosa. Huyeron dejando el local sumido en un completo silencio. Jack cogió rápidamente servilletas de papel de la mesa y limpió la sangre con sospechosa velocidad y pulcritud. Rose estaba boquiabierta ante lo que acababa de suceder. Se imaginaría por un instante en esa situación de haber provocado de más a Walter con el tema de la droga. Fue sabia al limitarse a pedir una cerveza. Guardó entereza sin embargo y mirando a Jack le dio las gracias, aunque dijo poder haberse ocupado ella sola sin necesidad de violencia. Eran tres cincuentones borrachos, simplemente -Lo siento, no tenía intención de resultar espontáneo ni de causar escándalo- Rose arqueó la ceja. Había fallado estrepitosamente entonces -Pero resultó que eras tú- dijo, acabando de limpiar y mirándola a los ojos. La chica ladeó ligeramente la cabeza ¿Es que ahora vivía en una historia de amor en el que el malote motero se enamoraba a primera vista de ella? -No pensé que volverías por aquí, por Dawnside Hill, Rose- conocía su nombre, pero él a ella no ¿O sí? ¿Quién...? -No te acuerdas de mí- sonrió el muchacho con calidez. Muchos se habrían ofendido pero él se sintió ligeramente alegre. Significaba que no le había necesitado allí donde fuera que se mudó cuando eran pequeños -Soy Jack, Jack Kane- se mantuvieron la mirada -Y no es la primera vez que te quito de encima a un acosador o abusón a base de palos- rió un poco y vio que en ese momento, la chica abría los ojos como platos.
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