martes, 9 de enero de 2018

Aunque se lo propusiera, Rose era incapaz de terminarse la cena. En un alarde de demostración económica, capacidad, o sabía Dios qué, Diana había hecho cena en cantidades industriales. Y ya no solo por cantidad, sino por apetencia, el estómago de la chica se había cerrado por completo. Era una situación demasiado extraña como para plantearse seguir comiendo.

La cena terminó bastante tarde, más de lo que a la chica le hubiese gustado, sobretodo teniendo en cuenta que las conversaciones fueron mayoritariamente llevadas por William y Harold. Y no es que eso fuese una molestia, pero los repentinos cambios de humor de su padre empezaban a sacarla de quicio, sobretodo cuando empezaba a comprender que mostraba un trato mucho más cordial con William que con ella en todo un mes.

La noche ya estaba excesivamente oscura cuando ambos invitados salieron del hogar de los Miller tras agradecer la cena y la compañía. Rose se prestó a acompañarles a la puerta de la urbanización. Aquella era su única forma de poder conseguir un ápice de sus verdaderas y principales intenciones para con aquella cena, y no la pensaba dejar escapar. -Perdonad a mis padres. Debería haber planeado una cena mejor, sin ellos. Si hubiese sabido que vendrías, William, lo hubiese hecho así- mintió la chica para romper un poco el hielo durante el paso. Era raro caminar con uno de ellos a cada lado, como hacía antaño.
-Tus padres son encantadores, Rose. Siempre lo fueron- confesó William mirando al frente.
-Si, ya... a veces son bastante pesados, realmente. Si lo pensáis, a penas hemos hablado de nosotros. Mi padre se ha dedicado a hablar de metas, fortuna... Como si eso importase- añadí.
-Sigues teniendo ese punto de vista tan sencillo y personal, Rose. Me encanta que no hayas cambiado un ápice- sonrió el hombre. Rose pudo comprobar que sus dientes eran perfectos. Blancos y simétricos. ¿Hasta su interior era tan brillante?.
-Bueno... Me gusta ser yo misma. Lo necesito a veces. Sobretodo cuando tengo que escribir-
-¿Escribir? ¿Eres escritora, Rose? No he encontrado tu nombre en ningún libro reciente- William ralentizó el paso, haciendo énfasis en su interés.
-No, no. Nada de eso. Trabajo para el Sound of Hill. Hay veces en las que tengo que redactar un artículo sencillo, pero solo de vez en cuando. La mayoría de las veces escribo en la columna de opiniones e investigaciones sociales. Son temas bastante... banales. De verdad, ni si le echéis un ojo.-
-Seguro que son espectaculares, no seas modesta-
-De verdad, William. Son un desastre. Y no es modestia, son los temas... son extremadamente horribles y aburridos. Llevo tiempo intentando encargarme de algo mejor, pero... de momento es un poco complicado-
-¿Por qué? ¿Cual es el problema?- La chica detuvo el paso. William estaba extremadamente interesado, o eso parecía. En su mirada se podía encontrar todo un barullo de intención y confianza, como si pudiese conseguir lo que se propusiera, incluso por mí.
-Quizá el tiempo... A penas llevo tres años trabajando. Solo necesito eso, tiempo y una buena oportunidad- Tras decir aquello, continuó andando. Al ver como William dejaba de mirarla, suspiró levemente. Se había puesto un poco nerviosa y no supo por qué. Podría haber preguntado esta vez ella por el trabajo de los demás, pero decidió no hacerlo. Por Jack. No sabía por qué.

Al llegar a la verja, el guarda abrió la puerta para que ambos hombres pudiesen salir. William caminó pocos pasos, pues su coche estaba allí mismo. Un Mercedes grisáceo brillante, de acabaos nuevos y muy cuidado. Casi era un lujo sólo poder mirarlo. -Jack, Rose, me alegra haber podido volveros a ver.- dijo su dueño con la puerta del auto ya abierta.
-Sí... podríamos volver a vernos, otro día-
-Sería fantástico-
-Esta vez sin padres, por favor-
-Te llamaré. Os llamaré entonces- Tras decir aquello, William entró en el coche y cerró la puerta. Arrancó el coche y se marchó. Y Rose, se quedó mirando como el coche desaparecía al final de la carretera con una media sonrisa en la cara. Acababa de recordar lo mucho que el hombre le gustaba cuando era pequeña. Sin embargo, antes de que el estómago le cosquilleara, se giró para mirar a Jack.
-¿Y tu coche?- Hacia donde el hombre se dirigió, no había coche, sino moto. Una Harley Davidson oscura, llamativa y robusta. -Vaya...- Jack montó en ella con una habilidad pasmosa que la chica supo que no podría imitar ni si quiera intentándolo. -Es muy bonita- Él sonrió, admitiendo desconocer que ese tipo de vehículos le llamasen la atención -Realmente no sabía que me gustaban. Pero aquí, viéndola, no se, me parece bonita. Ha tenido que costarte mucho tenerla- Jack no respondió. -Si te interesa... No le conté a mis padres lo que pasó en el Set. Ellos ni si quiera saben que yo estaba allí- A Jack tambien le pareció confuso que ella hubiese acudido a un local como ese por primera vez. Aseguró llevar algunos años allí y no haberla visto nunca -Yo... sólo buscaba una cerveza y bueno, ya sabes... Cosas que mis padres no deberían saber- mintió. -Jack, siento mucho el desastre de cena que ha sido. Soy consciente de que estabas incómodo- Él no lo negó -Me gustaría que nos volviésemos a ver- dijo -Los dos solos- añadió. En el fondo supo que decir aquello podría confundir al hombre, que de seguro no adivinaba sus verdaderas intenciones -Ponernos al día, hablar de nuestras cosas... con más intimidad- sonrió. Jack accedió. -Ésta vez te llamaré yo- terminó por decir momentos antes de que el hombre arrancase la moto, la cual emitió un rugido ensordecedor que recorrió cada recoveco de la urbanización. Un sonido vibrante y grave, realmente agradable. Jack se marchó, y con él, las oportunidades de Rose para encontrar información sobre la distribución de drogas. La chica se prometió allí, en pie, encontrar respuestas muy pronto. Pero por prudencia, regresó pronto a casa. Dawnside Hill no era segura.

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